Miércoles y las cenizas de los malos hábitos

BeFunky_nutrition.jpgAl igual que todas ustedes, durante el fin de año me di a la tarea de disfrutar de la vida alegremente. Es decir, me di muchos y amplios gustos: chocolates, pan dulce, galletas, platillos diversos y demás. Lo malo fue que se me quedó el hábito de comer de más. Esto sucedió a pesar de que pasé un año dedicada casi por completo a la casi imposible tarea de bajar los kilos de más que me quedaron después de tener a mi bebé. Debo decir con orgullo que logré bajar 25 kilos con una alimentación sana, ejercicios en casa y una voluntad de hierro más allá de lo humano. Al fin, dicha voluntad se agrietó y mostró señales de debilidad con el paso de las fiestas, y de nuevo los alimentos prohibidos comenzaron a ganar terreno. Por fortuna, o de milagro, el botón de mis skinny jeans no salió despedido con violencia. Sin embargo, la decepción de ver mis defensas derrotadas ha llegado a un punto crítico. Lo cierto es que todavía me quedan por lo menos unos cinco kilos de más, según me dice la cruel app de control de peso que venía incluida con mi celular, y en definitiva no he avanzado en este aspecto.

Debo decir que estoy orgullosa de lo que logré el año pasado. No bajé de peso porque me odiara a mí misma, sino porque me quiero demasiado como para ver mi salud disminuida por el sobrepeso.  La razón principal de mi cambio fue mi salud. Bueno, tengo que admitir que también la vanidad jugó un papel importante, pero lo que más me gustó de deshacerme de 25 kilos de lastre fue descubrir lo bien que puedo sentirme. Nunca me había sentido tan fuerte y sana en toda mi vida.

Después de las comilonas de diciembre, ya no me sentía tan sana como en los momentos de mi triunfo. No me importó demasiado, porque en general seguí con mi rutina de ejercicio de siempre y las comidas en exceso no se daban todos los días. En enero, para evitar la depresión típica de este horrendo mes, las tentaciones siguieron apoderándose de mi vida sin que me diera cuenta. Es aquí donde hay que tener cuidado. Primero, fue un pan en el desayuno, después me hacía falta algo dulce después de comer, luego era un bocadito a cada hora, y por último tuve el repentino descubrimiento de que no había dejado de comer en todo el día. Las molestias ya las conocía muy bien: abdomen inflamado, sensación de pesadez y la culpa que me asaltaba y me atormentaba. Ya ni siquiera me servía el consuelo de que no había dejado de hacer ejercicio.

Bien, pues muy en el fondo yo sabía cuál era la solución: detente y piensa en lo que estás haciendo. Esto es más difícil y aterrador de lo que parece, porque significa que tienes que dejar de evitar mirarte al espejo, ver que la barriga ha regresado, examinar tus acciones y aceptar que tienes que cerrar la boca de una vez por todas o pronto llevarás a cuestas 25 kilos de lastre otra vez. No. Si perdí peso no fue para volver a encontrarlo.

El siguiente paso, también complicado, es empezar. La pregunta es cuándo. Podría ser cualquier lunes, pero no se por qué en enero cualquier día carece de significado, incluso los lunes. ¡Es que en enero todos los días parecen lunes! En fin, que este pretexto permitió que los malos hábitos continuaran su paso destructivo. Necesitaba comenzar en alguna fecha propicia, significativa, que fuera como si por fin cayera el telón final de una mala temporada. De pronto, ayer, mirando mi calendario, me di cuenta de que era martes de carnaval y pensé con ironía que ese día había participado en el carnaval de chocolate que fue el pastel de cumpleaños de mi hijo. Al otro día, miércoles de ceniza. Es perfecto, pensé, la mejor fecha para terminar con la parranda y empezar de nuevo por la senda recta.

Así que estoy de nuevo en el comienzo de un reto. No más pan en el desayuno, ni bocados entre comidas, ni dulces por la tarde, ni chocolate a escondidas. Estoy decidida. Pero creo que todas saben muy bien que la motivación no dura para siempre. Les diré que la única forma de hacer definitiva la rehabilitación es hacerse responsable de sus acciones y rendir cuentas. Si nadie nos ve, no tenemos que cumplir. Para mantenerse en lo dicho, es necesario responder ante alguien. De este forma, comienzo este blog para responder ante ustedes y compartir este viaje. Si alguna también ha comenzado con el camino recto, les garantizo que no será fácil, pero nunca se rindan. ¡Espero que podamos ver el final juntas!

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